28 dic. 2008

COMIDA ANTIGUOS ALUMNOS


El pasado 26 de diciembre ocurrió algo que ninguno de nosotros esperaba. Y es que después de tanto tiempo, la peña de las monjas se volvió a unir. Pues sí resulta que iban a venir la gente de Turón, bueno Sonia, María y María del Señor. Pues resulta que tras algunas llamadas por parte de mi jefa o madre superiora, logró volver a unirnos.


Lo cierto es que llevaba tiempo planeando la comida, y esta vez salió. Es verdad que faltaban algunos, como mi buen amigo Aarón, Yoel, Amador, JuanJesús, Mari Carmen, Inma y sobre todo aquel que realmente nos unió, Juan Antonio, pero nos juntamos un buen puñado. María, Sonia, María del Señor, Jerónimo, Carmen, Yoli, Elena, Patri, Almudena, Jose Miguel, el sacerdote Eduardo, y tres hermanas.


La comida estuvo muy entretenida, cada uno contaba a que se dedicaba, que tal le iba su vida sentimental, etc, aunque habían pasado cuatro años, parecía que no nos habíamos movido de la escuela hogar. Luego empezó el cachondeo, me llamaban maestra y tal, noté que algo en mí había cambiado, era bastante más formalilla y menos loca. Después nos fuimos a tomar café donde tantas veces lo hemos hecho, en el Karibú, echamos nuestro rato de risas y charla.


Lo malo fue que todo lo bueno acaba pronto, y a eso de las seis de la tarde, nos despedíamos, entre fuertes abrazos y besos achuchados, promentiendo que cada año el 26 de diciembre nos volveríamos a reunir donde una vez nos conocimos, donde crecimos y maduramos, donde aprendimos tantas cosas, donde reimos y lloramos, donde yo ahora trabajo, en la Escuela Hogar.


Un beso muy grande a todos y a todas que una vez fueron alumnos de este centro, otros fueron maestros y maestras, y alguna que otra fue alumna y ahora es maestra del mismo.




FELIZ NAVIDAD!!

12 dic. 2008

SE ACABÓ


Pues sí, puedo decir que se acabó, lo que fuera que tú y yo teníamos. Lo cierto es que el adiós llega de la forma más inesperada, como un portazo en la cara.


Nunca he querido causarte ningún problema, la verdad es que lo único que te deseo es que seas feliz.


Y aunque nuestra última conversación haya sido distante y un tanto dolorosa, recordaré todos esos momentos en los que hemos charlado y reido.


Desde esa última tarde, me di cuenta de que soy más fuerte, y aunque es duro no tenerte a mi lado, seguiré caminando con pasos cortos, aunque constantes y tal vez de vez en cuando, vuelva a mirar atrás, veré aquellos ojos y esa sonrisa del que una vez fue mi amigo, conocido o simpatizante tal vez, pero lo que nunca olvidaré será que una vez me tendiste la mano y me ayudaste a seguir adelante.


No estoy triste por haberte perdido, sino feliz por haberte conocido.


¡Ten cuidaito por ahí!